El progreso siempre tuvo dudas.

 

Leía hoy el periódico digital de La Comarca y hay dos artículos que reproduzco y que me parecen interesantisimos.  Quien sabe si son el preludio de un final viejo y el principio de una esperanza joven y nueva, seria tan bonito.  Y las dudas, quizá si somos capaces de aprender a dudar, también somos capaces de aprender a pensar. (Pascual Ferrer Mirasol).


Diez, nueve, ocho… Ha empezado la cuenta atrás… Siete seis, cinco… Estamos en situación de riesgo objetivo para la seguridad nacional… Cuatro, tres, dos… Esta es tu última oportunidad… Uno… No dejes que el contador llegue a cero, ¡actúa YA!.

Los riesgos del cambio climático ya no son una predicción catastrofista, sino una realidad que está aquí, que sentimos y sufrimos y algunos de ellos, desgraciadamente, ya son irreversibles.

Pero todavía estamos a tiempo de parar la cuenta atrás, de actuar, de detener la destrucción de los recursos naturales y cambiar el destino de la humanidad.

El agua, el aire, la tierra, la flora y la fauna son nuestro mejor capital; estaban aquí antes que los humanos planteáramos los problemas de la industrialización y la superpoblación y es nuestra responsabilidad administrar ese capital para dejarlo a las siguientes generaciones.

Es verdad que hay que aprender a adaptarse a vivir en nuevo ambiente más cálido y seco, pero también hay que saber aprovechar las oportunidades para mejorar y crecer en la adversidad, para hacernos una comunidad rural más resiliente y menos resistente.

Los culpables del cambio climático son los grandes países industrializados, pero el aire y el agua no entienden de fronteras y la contaminación recorre la Tierra entera, dejando rastros de desastres naturales cuyas consecuencias más dramáticas las sufren precisamente los países menos desarrollados o, dicho en términos de nuestra realidad, la contaminación la producen las ciudades y la sufrimos el medio rural.

Pero no me gusta el «periodismo sepulturero» que abusa de los mensajes terroríficos y nos cambia el nombre por otros más dramáticos para despertar la compasión («la Laponia del sur o la Siberia de España»), porque nosotros no somos víctimas pasivas, somos los agentes del cambio y nosotros podemos no sólo detener la cuenta atrás, sino revertirla en una nueva cuenta hacia delante.
En la decisiva década de 2021 a 2030 están previstas inversiones relacionadas con el cambio climático por importe de 200.000 millones de euros que crearán 300.000 nuevos puestos de trabajo; para esa fecha está previsto que más del 84% de la energía que consumimos sea limpia, no contaminante.

Ha empezado la competencia por esos nuevos recursos y nosotros, en nuestro territorio, somos líderes en su materia pima, el viento y el sol, los elementos necesarios para producir energía eólica y solar.

Los líderes mundiales por el cambio climático son gente muy joven, personas preparadas y sensatas, como la sueca Greta Thunberg que con apenas 16 años ha sido capaz de movilizar al gobierno de su país e iniciar un gran movimiento mundial. Es verdad que la gente mayor ha hecho cosas importantes, que nos permiten disfrutar hoy de la sociedad del bienestar; pero esa es también la generación que ha generado el cambio climático, y no sería lógico esperar de ella que ahora sea la que lo revierta.

Necesitamos políticas públicas precisas y comprometidas con las personas, y también con la Tierra y con el futuro, pero para eso necesitamos políticos comprometidos y capaces, gente joven que no se conforme con implorar ayudas compasivas, sino que lideren la transición a una nueva era, unas nuevas tecnologías y un tiempo mejor. No es el momento de cambiar fichas de colores, sino de mirar a las personas a los ojos y preguntarles por su proyecto de futuro.

Ha llegado el tiempo en que los mayores demos un paso al lado y nos sumemos a esa fuerza imparable que nos va a conducir al mundo del 2050. Este es el momento de decidir quiénes van a ser las personas que, desde lo rural, queremos que nos dirijan y este es el momento de actuar, porque ya no hay otra oportunidad, quienes sean los elegidos serán quienes nos harán entrar en la década decisiva que empezará el 2021.

Empieza la cuenta hacia delante… Uno, dos, tres… Actúa ya y elije gente joven y capaz… Cuatro cinco, seis… Gente sensata y preparada en quien confiar… Siete, ocho, nueve… Gente comprometida con tu pueblo y su destino… para que cuando llegue el diez, estemos preparados para cambiar el futuro.


Dudo. Desconfío de los que no dudan. Todos deberíamos hacerlo en una democracia madura. Dudar es una condición indisociable a todo aquel que piensa, se informa y tiene sentimientos contrapuestos. Votar sin antes haber dudado no es razonable. Dudamos sobre los candidatos. ¿Dará la talla? ¿Será lo que aparenta? ¿Sabrá pactar? ¿Seguirá en sus trece? ¿Será capaz de impulsar inversiones y progreso? ¿Y si el Gobierno de Aragón no es del mismo color? ¿Nos convertiremos en una isla? ¿Cómo atraerá inversión, empleo, riqueza o progreso? ¿Le toca marcharse ya? ¿Pecará de novat@? Dudo. Dudamos sobre los programas. ¿Cumplirá? ¿Ha cumplido? ¿Son honestas sus afirmaciones? Dudamos sobre sus intereses… y los nuestros. ¿Querrá solo el sillón? ¿Se liberará? ¿Perjudicará a mi entorno, bienestar y el de los que me rodean? Dudo. “No quiero pagar muchos impuestos, pero tampoco que haya recortes. Me niego a pagar sucesiones, pero sí espero que aumenten los incentivos médicos, las plazas rurales o la educación de 0 a 3. Sí, quiero escuelas infantiles garantizadas, pero que ofrezcan la flexibilidad de la privada. Quiero que recorten la administración, las duplicidades, pero también que los servicios lleguen a todos los pueblos”

Dudo. En muchos municipios se presentan entre 7 y 9 formaciones. Para la provincia de Teruel 13. Es imposible no dudar. Muchos se adaptan a lo que queremos, ninguno al 100%. ¿Voto a favor de un partido o en contra de otro? Tanta duda nos suele llevar a lo segundo. La alta participación de las generales ya fue un síntoma de que se luchaba contra alguien o álguienes, cada uno tiene su antihéroe. Es curioso sin embargo, cómo los partidos estas últimas semanas han dejado de destriparse. Será el miedo al mañana. Será el temor a no debilitar demasiado a tu adversario, porque más vale malo conocido… Será la duda enorme sobre quiénes se necesitarán.

Dudo. Es difícil votar si no sabes con quién se va a pactar el día después. Y ya ni les cuento en un pueblo, cuando la piel entre personas es tan fina. La marca pesa pero es imposible que un pacto entre personas incompatibles fructifique. En fin, y con tanta poca concreción, las posibilidades de los partidos bisagra se reducen, por las dudas. Hay que definirse.

Dudo. ¿Quién no ha vivido alguna vez, o muchas, votar con la nariz tapada? Esa sensación de meter la papeleta en el sobre y sentir la incertidumbre; el vacío tras un gesto que tantas cábalas y discusiones nos ha costado; votar, algo tan sencillo como importante. El indeciso vota, pero no deja de serlo el día de después.

Dudo. A mi me gusta sumar. Y pensar en positivo, en construir. No en destruir a nadie. Votar a favor. Tras una cruda legislatura, esta campaña ha sido de las que proponen. Eso es fantástico. Y también que haya tantas personas en nuestros pueblos dispuestas a dar su tiempo y esfuerzo por los demás. La mayoría ni cobran ni quieren nada. Se meten en un marrón. Desde hoy ya están a exposición pública, con lo que eso supone en cualquier pequeño municipio. Solo por eso merecen un aplauso. Y que votemos. Duden, pero voten.

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