Europa esa maravilla.

 

Son muchos los que lleva años criticando a la Unión Europea, no lo entiendo. Todos juntos somos mas fuertes y mejores. Los que hemos viajado por Europa y trabajado por sus diferentes países hemos visto un antes y un después que es para maravillarse. Ademas de un tiempo de paz europeo como jamas se había visto, y eso traducido a vidas es imposible de valorar lo positivo que nos ha dado. (Pascual Ferrer Mirasol)


Pertenezco a una generación que ha crecido envidiando, deseando y trabajando, en la medida de sus posibilidades, a favor de una Europa unida; una idea y un sueño que siempre me han parecido inspiradores y llenos de futuro, a pesar de los defectos, irregularidades, burocratización y corruptelas de la UE (semejantes y en muchos casos menores que las de los Estados que la forman). Es un logro político, cultural, social y humano que debería enorgullecernos y obligarnos a mejorarlo, de ningún modo a destruirlo. ¿No debería alertarnos que sean los populismos y la ultraderecha, los nacionalismos más viscerales, los peores enemigos de la UE, mucho más letales que los errores financieros o la falta de transparencia de la institución europea (que no justifico de ningún modo)? Considero, con Tony Judt, el lúcido historiador británico, que «Seríamos unos insensatos si renunciáramos alegremente a ese legado». Es preciso aplicar una política ética en la Unión y reforzarla más que nunca para poder superar -o cambiar el signo- del Brexit y los ataques internos de los nostálgicos de los totalitarismos del siglo XX que nos llevaron a dos guerras mundiales. La falta de memoria humanística de esos grupos es de lo más estremecedor. «La UE corre el riesgo de ser desestabilizada por una mezcla de exceso de ambición y de miopía política» escribía proféticamente Judt hace 13 años.

Por primera vez desde su nacimiento muchos grupos y partidos se cuestionan la simple existencia de la UE. Los euroescépticos, que nutren las filas de la derecha más cavernícola y los nacionalismos más intransigentes, torpedean la movilización política y la sensatez de quienes pensamos que es una institución manifiestamente mejorable pero en modo alguno innecesaria, que ha sido una garantía de paz y progreso en una época convulsa y crítica (que en modo alguno ha remitido), que Europa unida no es un problema en sí mismo sino que posee en su misma idea fundacional una potencial solución colectiva a los retos del momento (inmigración, economía, la maliciosa y absurda postura interesada de los Estados Unidos de Trump…) ninguno de los cuales ha nacido por las acciones y política de la UE, sino por la dinámica perversa del momento histórico que vivimos. Europa, la gran ilusión de más de 300 millones de personas y de 28 países, sí es responsable de haber garantizado el bienestar y progreso de los europeos como nunca habíamos disfrutado en los diferentes países que la formamos.

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