Si el toro tuviese uso de razón no habría corridas.

Hoy los discursos de Azaña pasarían desapercibidos

Si Manuel Azaña fuera diputado hoy en el Parlamento español, sus discursos no serían valorados, es más pasarían totalmente desapercibidos. Conviene recordar que Azaña fue uno de los políticos más destacados en la Historia de España. Y sobre todo, un extraordinario parlamentario. Según Salvador de Madariaga: “Azaña ha sido el orador parlamentario más insigne que ha conocido España.” Sus discursos tienen profundo calado político, así como belleza y trabazón formal. Destacan los pronunciados en las Cortes: el 13 de diciembre de 1931 sobre Política religiosa; el 2 de diciembre de 1931 sobre Política Militar; el 27 de mayo de 1932 sobre El Estatuto de Cataluña; y el 18 de julio de 1938, en el Ayuntamiento de Barcelona,  titulado Paz, Piedad y Perdón. Otro no tan conocido, fue pronunciado el 21 de abril de 1934  en la Sociedad del Sitio de Bilbao, titulado  Un Quijote sin celada, en el que brinda unas hondas reflexiones de su conciencia como hombre político, sin preocuparle el orden, tal como le vienen a la mente.

Son los medios de comunicación al servicio incondicional de los grandes poderes económicos y económicos, los que determinan hoy la agenda política. Por ello,  lo que ha calado mayoritariamente en la sociedad española: en relación a la última moción de censura ha sido exclusivamente: que, además de un circo, fue para potenciar el liderazgo de Pablo Iglesias, y que no estaba suficientemente preparada, y carente de un programa de gobierno alternativo. Y por supuesto, la salida de tono del portavoz del PP, plena del más vergonzoso machismo, ha servido sirvió para ocultar aspectos más relevantes.

En cuanto al discurso de Iglesias, relacionado con el tema de la corrupción dio una auténtica lección de Historia de España, y lo dice un profesor de historia, al poner en relación las prácticas corruptas actuales con las de tiempos de Isabel II, que a grandes rasgos siguen siendo muy semejantes. Esta auténtica lección de historia  ha pasado  prácticamente desapercibida para la gran mayoría de la sociedad española. Mas, entender de política requiere esfuerzo, hay que leer mucho, hay que informarse, hay que reflexionar. Con cuatro titulares no es suficiente. ¿Cuántos españoles han tenido la paciencia de presenciar todo el debate de la moción de censura? Algunos, entre los que me encuentro, además de escuchar todo el debate por televisión, han tenido la paciencia de leerse detenidamente los diferentes discursos, sirviéndome de la página web del Congreso de los Diputados? Aquí pueden consultarse los plenos y las comisiones parlamentarias. Con el propósito de informar y que cada uno saque sus propias conclusiones, quiero reproducir algunas partes del discurso de Pablo Iglesias referido al tema de la corrupción. Expongo este breve extracto para aquellos que no han tenido tiempo o ganas de informarse:

“Señorías, la historia de las élites españolas no es una historia de emprendimiento, innovación y espíritu patriótico. Es la historia de cómo vivir del Estado y de la ciudadanía. Esto viene de muy atrás, la derecha siempre quiere borrar la historia real y reescribirla de nuevo falseándola. Señor Hernando, un día le escuché en esta tribuna decir que usted se reivindicaba de una tradición liberalconservadora. Si por tal cosa entendemos el turnismo de Cánovas y Sagasta, debo admitir, señor Hernando, que tiene usted toda la razón. Vienen ustedes de ahí, de un tiempo, como decía Cánovas, donde a los ricos los hacía Dios y a los pobres, la naturaleza…

Permítanme que les mencione algunos ejemplos de la historia del nacionalpatrimonialismo en España. La fundación del Banco de España allá por 1856, nació como banco público a raíz de la quiebra del Banco de Isabel II, fundado por el marqués de Salamanca y el conde de Retamoso, a la sazón cuñado de la reina regente. El Banco de Isabel II cayó porque especularon en Bolsa hasta quebrar el banco y finalmente fue necesario que interviniera en su rescate, ¿saben quién?: el Ministerio de Hacienda. Todo un clásico en España. En aquel ministerio estuvo al frente el fundador del Banco de Isabel II, el marqués de Salamanca, que da nombre al que hoy es el palacio del BBVA. La figura de este marqués nos ilustra sobre cómo han entendido algunos la política en España: básicamente como un modo de amasar riqueza, pues empezó de diputado, le adjudicaron el monopolio de la sal y terminó construyendo un imperio inmobiliario y de ferrocarriles. El heredero de los negocios del marqués de Salamanca fue don Antonio Cánovas del Castillo,  al que muchos conocen como el promotor del famoso turnismo con Práxedes Mateo Sagasta. Cánovas tuvo tiempo también de ser presidente del Banco Hipotecario y de la Compañía de Ferrocarriles Andaluces, dos de los negocios en su día vinculados al marqués de Salamanca. Francisco Silvela, otro del Partido Conservador, fundó la Compañía de Ferrocarriles Andaluces junto a su suegro, el duque de Loring, que fue una empresa privada que recibía concesiones del Estado y que tenía en su consejo de administración a los mismos que ordenaban el pago. ¿Les suena, eso de dar concesiones y acabar en consejos de administración? Recuerden: Josep Piqué; Ángel Acebes, Rodrigo Rato, todos ellos ministros y que acabaron en empresas que fueron beneficiadas por rescates o por adjudicaciones.

La empresa de Cánovas y Silvela, tras décadas de pérdidas y rescates sucesivos, en los años veinte se negó, alegando falta de recursos, a cumplir con la subida de salarios y a la mejora de las condiciones laborales pactadas: la jornada de ocho horas. A pesar de que la legislación les obligaba, aquellos honorables empresarios se negaron a aplicarla. Finalmente el Ministerio de Hacienda de don José Calvo Sotelo adelantó los 201 millones de pesetas, de los que devolvieron solo un 4 %. Que se declararan en bancarrota no impidió la subida de salarios del consejo y el reparto de dividendos en el mismo periodo. ¿Les suena a los ciudadanos españoles de hoy eso de grandes empresarios recibiendo dinero público? Recuerden: Villar Mir y Arturo Fernández, beneficiados con innumerables concesiones a lo largo de los últimos quince años y que aparecen en los papeles de la contabilidad B del Partido Popular. El marqués de Villar Mir —ennoblecido en 2011 por decisión del rey emérito— fue el primero en pedir la reforma laboral, y dijo que Podemos no cabía en el Gobierno. Hoy el marqués está imputado en la operación Lezo por pagos a Ignacio González a cambio de concesiones. Al señor marqués la Comunidad de Madrid le indemnizó con 47 millones por sobrecostes en la M-45…

Fue el diputado José Calvo Sotelo el que subvencionó la subida de salarios y permitió durante la dictadura de Primo de Rivera que nuestra compañía de teléfonos acabara en manos de una empresa extranjera (ITT internacional). Las condiciones del contrato con ITT eran ciertamente beneficiosas para esta última, ya que le permitían hacerse con el monopolio de los teléfonos; además se declaraba que la actividad de la compañía y sus filiales quedaban exentas de impuestos. Los impuestos los pagaban los consumidores, los ciudadanos, en la propia factura. Y cosas del destino su secretario de Estado de Telecomunicaciones, un descendiente de don José Calvo Sotelo: don Víctor Calvo-Sotelo dio por bueno que nuestra compañía de telefonía dejara de ser española, repartió canales de TDT entre los grandes grupos de telecomunicaciones y permitió las grandes fusiones para que la televisión privada la dominen hoy solamente dos grandes grupos. Este caso nos recuerda que Telefónica, una compañía que daba empleo a millares de trabajadores en España y que era un ejemplo de trabajo digno, hoy aplica un marco laboral esclavista y subcontrata absolutamente todo. Nos recuerda que ustedes son los responsables de los miles de trabajadores despedidos y prejubilados. Acuérdense de que Juan Villalonga, el compañero de pupitre de Aznar, fue el encargado de dirigirla tras ser privatizada. Acuérdense, señorías, de las alegres compras de Villalonga y Alierta por el mundo: Terra, Lycos, Endemol. Pagábamos más que cualquiera. Quizá se entienda por el hecho de que Villalonga y Alierta se enriquecían con las operaciones. Es más, Telefónica significa para ustedes, para gente como Zaplana, Rato o incluso para su esposa, la señora Alicia González, que les paguen un sueldazo de escándalo. Y también al señor Urdangarín Telefónica le pagaba solo por figurar para que al señor Urdangarín no le faltara de nada.

Ustedes denuncian la radicalidad de la II República española, pero fue la República la que intentó ordenar ciertos desmanes, racionalizando el servicio de telefonía y ferrocarriles. Indalecio Prieto hizo algo tan malvado como que el Estado pudiera cancelar la concesión a empresas que desatendieran la explotación de una línea de ferrocarriles, sin pagar ninguna indemnización por ello. ¿Por qué les hablo de Indalecio Prieto aquí? Pues porque hoy tenemos que indemnizar a Florentino Pérez con el proyecto Castor aunque no preste ningún servicio…

El franquismo nacionalizó el monopolio de la telefonía y los ferrocarriles, pero el interés público se confundió nuevamente con el interés privado, el de los accionistas: el marqués de Urquijo, el marqués de Perijáa y el marqués de Aledo. Ellos disfrutaron de una suculenta compensación en época de cartilla de racionamiento. Casualmente, acabó presidiendo Renfe un Benjumea, Rafael Benjumea. Benjumea fue uno de los promotores del golpe de Primo de Rivera, miembro del Directorio y ministro, y Franco le ascendió a la compañía pública. Un sobrino del amigo Benjumea fundó en esos años Abengoa; una empresa que trabajará con Telefónica y Renfe. ¿Les suena el nombre de Abengoa, señorías? Ustedes la rescataron tres días antes de ser investido Mariano Rajoy por la misma cantidad que ustedes niegan al Ayuntamiento de Madrid, 250 millones de euros en el marco de la Ley Montoro. ..

La democracia pudo ser el momento propenso para reducir los desmanes de ese bloque de poder, pero el PSOE no se atrevió del todo y en ocasiones se alió con ese bloque de poder.. De los avances económicos del Partido Popular solamente se puede decir un nombre, su artífice: Rodrigo Rato; no hay más preguntas. Ustedes vuelven a hacer lo mismo que sus ilustres ascendientes liberal conservadores y franquistas, se reparten España a costa del desarrollo de España.”

¡Qué bien nos conocía Manuel Azaña!  Sus palabras de La Velada de Benicarló siguen siendo actuales: Percibir exactamente lo que ocurre en torno nuestro, es virtud personal rara. Las muchedumbres no la conocen. Mi comprobada ineptitud política se engendra de atenerme con rigor a la demostrable. Un cartelón truculento es más poderoso que el raciocinio. La moderación, la cordura, la prudencia de que yo hablo, estrictamente razonables, se fundan en el conocimiento de la realidad, es decir, en la exactitud. Estoy persuadido de que el caletre español es incompatible con la exactitud: mis observaciones de esta temporada lo comprueban. Nos conducimos como gente sin razón, sin caletre. ¿Es preferible conducirse como toros bravos y arrojarse a ojos cerrados sobre el engaño? Si el toro tuviese uso de razón no habría corridas.

Cándido Marquesán Millán

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