La ventana de Overton

La ventana de Overton hace referencia a una teoría política surgida en un think tank norteamericano, que describe como una ventana estrecha y establece el rango de ideas que el público puede encontrar aceptable, y que la viabilidad política de una idea se define principalmente por este hecho antes que por las preferencias individuales de los políticos. El nombre se debe a Joseph P. Overton, ex vicepresidente del Centro Mackinac de Políticas Públicas, el cual establece una escala de ideas, que van desde impensables, radicales, aceptables, sensatas, populares y políticas. En lo alto de este eje las impensables y después, bajando, aparecen sucesivamente las radicales, las aceptables, las sensatas, las populares y las políticas. A medida que se sube por el eje se avanza hacia el radicalismo. A medida que se baja, se va hacia la moderación, que aquí no se encuentra en el centro, sino en uno de los extremos. No obstante en esta teoría, la radicalidad y la moderación no se definen en abstracto, sino demoscópicamente. Pero la cuestión fundamental es clara: ¿quién define los límites de esta ventana de lo aceptable y su capacidad de desplazamiento? No es tanto lo que los ciudadanos consideran aceptable para la sociedad, sino lo que algunos intereses han establecido como tal para que los ciudadanos crean que es aceptable.

Por ejemplo, aquí en Europa sorprende la cantidad de estadounidenses (progresistas incluidos) que, viviendo en el país más rico del mundo, están convencidos de que un sistema sanitario público y gratuito es impensable por insostenible. Contra esto intentó pelear Bernie Sanders en su campaña a la presidencia, introduciendo un concepto nuevo para los americanos: la socialdemocracia a la escandinava. Sin embargo, y aunque sus ideas serían perfectamente aceptables por gran parte de la sociedad europea, sus posibilidades fueron impensables al otro lado del Atlántico, por lo que fue tachado de radical quedando fuera de los rígidos límites de la ventana.

En la Europa actual, la reforma laboral brutal y la institucionalización de un estado de excepción permanente por parte de Macron son aceptables. En cambio, las ideas de Jeremy Corbyn paradigma de la socialdemocracia son radicales.

Fijémonos hoy en España sobre los límites de la ventana de lo aceptable. Así, la idolatría de la privatización, la sacralización del mercado, el desprestigio del Estado, el individualismo frente a lo colectivo, la reducción del Estado de bienestar, el rescate del sistema financiero, el pago de la deuda aunque se pisoteen los derechos sociales, la corrupción sistémica con sus pueriles y vergonzosas justificaciones, la desigualdad creciente, la reforma laboral que nos retrotrae al siglo XIX, la consideración de los sindicatos como instituciones anacrónicas, el recorte de las pensiones, la rebaja de los impuestos a los millonarios, la existencia de paraísos fiscales, el culto al crecimiento económico aunque suponga destrucción del medio ambiente e injusto reparto de la riqueza, la amnistía fiscal pensada para los defraudadores y justificada con le excusa de evitar la intervención, la abstención del partido de la oposición para que gobierne Rajoy, así como el sistemático incumplimiento de compromisos internacionales, como la negación de acogida de las cuotas de refugiados, son considerados comportamientos aceptables. Por el contrario, medidas destinadas a, por ejemplo, facilitar que miles de ciudadanos paguen sus (artificialmente infladas) hipotecas con la dación en pago para no verse obligados a vivir en la calle, financiar adecuadamente la lucha contra el fraude y la corrupción, discutir con absoluta libertad el modelo de sociedad y de país en el que vivir, manifestarse en la calle, ejercer el derecho de huelga, la negociación colectiva, realizar una auditoría sobre la deuda pública, una renta básica universal, se consideran radicales que nos conducirían al caos. No faltan los opinadores, periodistas y académicos, que trabajan a conciencia para que estas ideas queden fuera de la ventana de lo aceptable.

La conclusión no puede ser más clara. Es fundamental que cada uno a nivel individual haga un esfuerzo para abstraerse del pensamiento dominante y cuestionar siempre a quienes tratan subjetivamente de determinar el rango de lo aceptable (. Sería deseable que cada ciudadano estableciese su propia ventana Overton, definiendo los límites de lo aceptable tras un análisis profundo de los hechos objetivos.

Y por supuesto la izquierda debería cuestionar que el neoliberalismo sea un modelo político aceptable, y considerarlo por el contrario como radical. Tarea que no será fácil, ya que una secuencia de gobiernos neoliberales por todo el mundo, junto con una red de grupos de expertos y medios de comunicación han sido capaces de excluir del discurso político hasta la más moderada de las medidas socialistas, al calificarlas de radicales. La izquierda debería recurrir a la historia, que nos enseña: muchas ideas hoy aceptables fueron consideradas radicales en un pretérito no muy lejano. Ejemplos: matrimonio de homosexuales, el aborto, la jornada laboral de 8 horas… Por ello, ha de mover el encuadre de la ventana de Overton.

Cándido Marquesán Millán

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