Rajoy se olvida de Aragón

Cesaron los tambores y el sonido de los redobles nos deja una naturaleza en pleno esplendor. Nuestros pueblos siguen su ritmo, en algunos de ellos cada vez más lento, acompañando a uno de nuestros principales problemas, la despoblación.

En Madrid, ajenos a esto, como de los principales problemas de la mayoría de los bajoaragoneses, el Gobierno del PP -con la bendición de Ciudadanos y el PAR- ha presentado un proyecto de ley de presupuestos para el 2017 que se olvida de Aragón, que se olvida de la mayoría social de la mayor parte del Estado.

Hace ya una década que vivimos una ‘doctrina del shock’ basada en hacer cargar a las clases populares con el rescate de aquellos desastres producidos por decisiones políticas hechas al dictado de las oligarquías. Al mismo tiempo que se rescata a los bancos, se impone en la Constitución que hay que pagar la deuda antes que la educación, la sanidad y demás servicios públicos. Pagar antes una deuda ilegítima, que precisamente no ha parado de crecer en los últimos años en gran parte como consecuencia del gigantesco rescate financiero con dinero público.

A partir de ahí vimos desplegar, tanto a partidos de derecha como de supuesta izquierda, una política de recortes y austeridad que llevó a una gran parte de la población a una situación cada vez más difícil de sostener. En este período, los servicios públicos básicos esenciales sufrieron graves ataques. La democracia, entendida como las políticas contra la desigualdad, ha quedado herida de muerte.

En este contexto, el Gobierno de España nos viene con palabrerío sobre recuperación. Agitan datos macroeconómicos para demostrar que estamos en un cambio de ciclo. La economía se recupera, sí, ligeramente, pero esto no se ve reflejado en los Presupuestos Generales del Estado ni en la cotidianidad de la gente. De hecho, el PP recorta 5.000 millones de euros. Los datos de precariedad laboral son alarmantes y cada vez más injustificables. El Gobierno de Rajoy está volviendo a hacer de tapón para que los de arriba sigan siempre ganando y los de abajo sigan poniendo todo de su parte.

En estos presupuestos, el medio rural está desaparecido. La Ley de Desarrollo Sostenible, que podría ayudar a nuestros pueblos a poner en marcha proyectos que ayuden a fijar población y a garantizar un futuro en igualdad de oportunidades, no está dotada económicamente.

El ferrocarril, un elemento vertebrador fundamental para nuestro territorio, sale mal parado; salvo para las grandes líneas, apenas obtiene financiación en Aragón. Canfranc y Teruel – Sagunto, de nuevo han sido abandonados. A este ritmo de inversiones, necesitaremos más de 70 años para ver la conexión con Francia vía Canfranc finalizada. Pero es que, además, las inversiones de Renfe, Adif y Fomento en su conjunto son mínimas, sobre todo para mantenimiento y mejora de las infraestructuras ya existentes en media distancia. Hablan de inversión pero el papel no la recoge.

En líneas generales, Aragón va a tener un 18% menos de inversión que en 2016. Y la poca que llegue irá destinada únicamente a crear grandes obras hidráulicas. Sí, ese tipo de proyectos caducos, de otro tiempo. Sí, el grueso de la inversión estatal que recibirá Aragón en 2017 se dedicará a inundar valles.

Así que tenemos unos presupuestos generales que no invierten en políticas sociales. Ahí tenemos la Ley de Dependencia, que apenas cuenta con un pequeño incremento, después de los fuertes recortes, siendo que está históricamente infradotada y que serviría para cubrir algunos de los derechos más fundamentales: el de ser cuidado y el de cuidar en buenas condiciones.

Tampoco hay medidas que hagan ver que podamos ir hacia una cambio de modelo productivo. Esto es muy preocupante, porque si no aprovechamos el incremento del PIB en nuestro país para hacer algo distinto a promover burbujas basadas en la especulación nos encontraremos pronto con los mismos problemas que nos han traído a sufrir años de incertidumbre y empobrecimiento para los de abajo.

Los presupuestos cuentan con su tabla de gastos, pero también con la de ingresos. Y aquí hay otro punto clave que conviene señalar, porque resulta que, de nuevo, son las clases populares las que más financian estas cuentas públicas. Lo hacen, lo hacemos, mediante los impuestos. España es el país en el que, cuanto más rico eres, menos pagas. Y sin redistribución de la riqueza no hay democracia.

Pero la primavera ha llegado a nuestros pueblos y la primavera es la estación del cambio. Es importante que desde Aragón se escuche la voz de nuestros pueblos y que exijamos un cambio hacia un modelo más justo, más equitativo, que se afronte la desigualdad y la despoblación con valentía.

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