La pensión no es un privilegio, es un derecho

Los medios de comunicación y los políticos nos dicen que España tiene un grave problema: el envejecimiento de su población. Es cierto tal hecho demográfico. Según el Instituto Nacional de Estadística, la esperanza de vida en 2015 llegó a 82,7 años, siendo de 80,3 en 2005. En los hombres 79,9 y en las mujeres 85,4. La población mayor de 65 asciende a casi 8,7 millones a 1 de enero de 2016; de estos 8,3 españoles y unos 350.000 extranjeros. Cara el futuro la esperanza de vida seguirá incrementándose, y alcanzará en 2031 los 83,2 en los varones y los 87,7 en las mujeres. En 2065, de mantenerse la tendencia, la esperanza de vida podría alcanzar los 88,6 en los varones y 91,6 en las mujeres.

Tal incremento de la esperanza de vida supone que los españoles vivimos cada vez más, lo que entiendo es bueno. Lo malo sería que viviéramos cada vez menos. No obstante, a algunos parece que no les importa, como dijo un alto dignatario japonés: ¿por qué no se mueren los viejos? Los políticos, periodistas, economistas y académicos, cuando hablan del problema del envejecimiento de la población española, lo relacionan con el mantenimiento de las pensiones públicas, ya que cada vez habrá menos trabajadores y con sueldos más bajos, por lo que se reducirán las cotizaciones a la S.S. Y al repetirlo de una manera machacona, con aviesas intenciones «Este mes ha habido que sacar no “sé cuantos millones del Fondo de Reserva de la Seguridad Social para pagar la extra» o «Para la próxima ya no hay suficiente», va calando en la sociedad española la idea de que los jubilados están poniendo en quiebra las finanzas del Estado, de que están «robando» al Estado porque tienen la manía de querer cobrar la pensión, algo que asumen muchos jubilados y cada vez más sectores de la sociedad. ¿Por qué no publican todos los meses los costos en rescates de autopistas, en armamento o en la corrupción? Es una práctica del sistema neoliberal, el enfrentar a diferentes sectores de la sociedad: al parado con el inmigrante porque le «quitan» el puesto de trabajo, a los jóvenes con esos sueldos miserables con los jubilados porque tienen una pensión «asegurada», por cierto, para casi 5 millones de ellos, su pensión es inferior al salario mínimo interprofesional (SMI), es decir, menos de los 707,6 euros.

Malos tiempos en los que hay que demostrar y defender lo obvio. Los jubilados actuales cobran una pensión, porque a lo largo de su vida laboral han hecho sus cotizaciones, las establecidas por ley cara a una futura jubilación, de acuerdo con un sistema de reparto. Por tanto, no es un privilegio es un derecho. Con las cotizaciones de los trabajadores actuales se pagan las pensiones de hoy. Con las de los pensionistas actuales, cuando trabajaban, se sostuvieron las pensiones pasadas. Esto es así, y se sustenta en una solidaridad intergeneracional. Ni que decir tiene que esa solidaridad se está fracturando con sus secuelas gravísimas.

Por otra parte, hay otra obviedad desapercibida para muchos no sé si despistados o malintencionados. Los jubilados pagan sus impuestos como los demás ciudadanos: IVA, sucesiones,el I.R.P.F. de su pensión. Sobre este impuesto merece la pena detenerse. 1) La pensión no es un rendimiento del trabajo. 2) Las pensiones actuales se fueron generando durante la vida laboral que con el cobro de los salarios fueron sometidas ya al I.R.P.F. Es decir, ya tributaron por el impuesto. 3) Por lo tanto al ser sometidas en la actualidad al I.R.P.F. están siendo gravadas nuevamente por el mismo impuesto, cayendo claramente en la figura de «doble imposición», que se debe corregir haciendo que la pensión quede excluida del I.R.P.F. 4) La pensión podría tener cabida como rendimiento de capital mobiliario, con una fiscalidad mucho menor y que va disminuyendo progresivamente con la edad del jubilado.

Y hay otra obviedad. Muchos jubilados, no están pasivos. No se limitan a sacar al perro, a ir a comprar el pan, o tumbarse en el sofá a ver la caja tonta. Llevan a cabo labores muy importantes. Una de ellas, el cuidado de sus nietos. En España, un 55% de los abuelos lo hacen regularmente, y el 30% diariamente. A esos despistados o malintencionados les recomiendo que se den una vuelta por el barrio de Valdespartera con muchas parejas jóvenes, y verán cuántos abuelos cuidan a sus nietos. Desde llevarlos y recogerlos al colegio, darles de comer, acompañarlos a las actividades deportivas, cuidarlos cuando están enfermos, etc. No es descabellado afirmar que si los abuelos se declarasen en huelga se paralizaba el país. Están realizado un trabajo de cuidados, que si se contabilizase en el PIB supondría un porcentaje importante. Tener acceso a los abuelos como proveedores de cuidado de los niños beneficia a las mujeres, ya que aumenta la probabilidad de tener un trabajo a tiempo completo o a tiempo parcial y la de tener hijos. Por ello, los abuelos contribuyen tanto al aumento de la población activa como a su rejuvenecimiento por el incremento de la natalidad. Y por último, un porcentaje no pequeño de las pensiones sirve para ayudar a los hijos parados o con trabajos precarios.

Cándido Marquesán Millán

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