Los barones del PSOE ¿Todavía no se enteran o no quieren enterarse?

Todavía en muchos dirigentes y, en cada vez menos militantes del PSOE, existe una creencia muy arraigada de que es imposible un entendimiento con Podemos. Ayer mismo, un buen amigo a través de facebok me decía “No con Podemos, no, vamos al desastre”. Tal creencia me retrotrae a tiempos de la dictadura, cuando se hablaba  del contubernio judeo-masónico-comunista. E incluso, existe otra creencia, como que el PSOE será capaz de recuperar, ignoro cuándo, quién y cómo, los 5 millones de votos trasvasados a Podemos. ¿Será Susana Díaz la  trianera tocada por los dioses del socialismo? De verdad, esto es puro autismo político.

Por ello, entiendo que esas creencias deben ser eliminadas del subconsciente  de muchos socialistas, ya que de lo contrario estamos abocados inexorablemente a un gobierno de la derecha por varias décadas. Es de cajón, que si queremos eliminar un gobierno de la derecha, el PSOE está inexorablemente condenado a entenderse con Podemos. Si no le entienden, y siguen permitiendo por abstención un gobierno de la derecha, el PSOE corre el peligro del PASOK. ¿Qué ha ocurrido al partido socialista en Holanda? Muy sencillo, ¿para qué votar al partido socialista, si hace las mismas políticas de la derecha? ¿Y en Francia? Da miedo pensar los resultados del PSF en las próximas elecciones.

Sé que no servirá de nada lo que expongo a continuación para erradicar las creencias anteriores en los prebostes del PSOE. Pero debo hacerlo. ¿Por qué no puede formarse en España un gobierno socialista con apoyo de Podemos?

Que los medios de comunicación marcan, dirigen y condicionan la opinión pública es una obviedad. Consiguen que determinados noticias sean de actualidad, mientras que otras permanezcan en el anonimato. Una de éstas, es el desconocimiento prácticamente absoluto en España de la existencia en Portugal de un gobierno de izquierdas, presidido por el socialista Antonio Costa con el apoyo del Frente de Izquierda y el Partido Comunista, tras un acuerdo con concesiones mutuas. Una buena lección para las izquierdas españolas. El Partido Socialista renunció a su propuesta de flexibilización de relaciones de trabajo y a la privatización del sistema de trasportes, pero, sobre todo, a las políticas de austeridad: una devastación social en toda Europa. Los otros grupos de izquierda sin participación directa del gobierno, lo apoyan, a partir de un documento que define el fin de la política de austeridad a cambio de la retirada de la posición de salida de la Unión Europea. Y funciona hasta hoy razonablemente bien, ya que el gobierno de Costa, tras año medio disfruta de una gran popularidad, demostrando que desde la izquierda se puede hacer frente al neoliberalismo.

En el país vecino se recuperaron los sueldos de los funcionarios públicos, su jornada de trabajo se redujo de 40 a 35 horas, el salario mínimo y las pensiones se elevaron, y se mejoró la sanidad pública. Se implantó un impuesto de patrimonio para viviendas de lujo de más de 500.000 euros, se suspendieron los conciertos del Estado con colegios privados en zonas donde exista un centro público, y se aprobó la gratuidad de los libros de texto en los primeros cursos de la educación básica. Se canceló la privatización de los transportes públicos de Lisboa y Oporto y se recuperó el control de la aerolínea estatal TAP vendida en una polémica operación llevada a cabo por Passos Coelho, cuando su gobierno ya estaba en funciones. La mayoría de estas medidas y otras en proceso no iban en el programa electoral de los socialistas, lo que indica que han sido impuestas desde los comunistas y el Frente de Izquierdas. Todas estas políticas plenas de justicia social han sido compatibles con una reducción del déficit público hasta el 2,3% del PIB, la menor cifra de la historia democrática de Portugal; y con reinicio del crecimiento económico y la reducción del desempleo de 12.3% al 10.5%.

La conclusión de todo lo expuesto es clara-otra política es posible- y extrapolable a esta España nuestra.  Algunos aducirán que el contexto español es otro. Naturalmente. Pero aun siendo diferente, perfectamente hubiera sido posible un gobierno semejante de PSOE con Podemos y el apoyo de otras fuerzas de izquierda. ¿Y por qué no fue posible? Ya se preocuparon la mayoría de los medios de comunicación de propagar la idea, que ha cuajado, de que tal gobierno hubiera supuesto un auténtica hecatombe económica: subida de la prima de riesgo, retirada de la inversión, parálisis o retroceso del crecimiento económico, aumento del paro; dificultades del mantenimiento del Estado de bienestar, e incluso, hasta del cobro de las pensiones.

Retornando a Portugal, existe un silencio mediático en España sobre los avances expuestos anteriormente por el gobierno del socialista de Antonio Costa. Tal silencio es sospechoso, aunque comprensible por parte de la derecha política, mediática e intelectual, pero sorprendente por parte de la izquierda. No obstante, quizá esta actuación se explique porque la izquierda tiene una tendencia hacia la autoflagelación. Disfruta más criticando sus propios errores que reconociendo sus propios éxitos.

Quienes nos ubicamos ideológicamente en la izquierda criticamos con acritud el ocaso evidente de la socialdemocracia en Europa. Hablamos del naufragio del Partido Socialista en Francia; de la subordinación en Alemania del SPD al CDU de Merkel; de la crisis permanente del laborismo en el Reino Unido; de la derrota  en Italia de Renzi y en Holanda; y las críticas permanentes y furibundas al PSOE. Todo esto con gran regocijo en los sectores de la derecha.  Y sin embargo, cuando un gobierno encabezado por un socialista como en Portugal está llevando a cabo unas políticas socialistas y con un éxito más que razonable, tal circunstancia la izquierda no sabe o no quiere difundirlas. ¿Acaso espera que lo haga la derecha?

Lo importante es el futuro. Portugal de momento es un referente, que podrían imitar Francia y Alemania tras las próximas elecciones. El triunfo en las primarias del PS de Benoit Hamon, con un programa de renta básica, reducción de la semana laboral, crítica a la política económica eurogermana, abolición de la reforma laboral, con leyes antidiscriminación, y propuestas medioambientales como la reducción de la energía nuclear, hace factible un tripartito con el apoyo de Jean Luc Mélenchon de la Francia Insumisa y con el candidato ecologista, Yannick Jadot.

En Alemania, el SPD con su nuevo candidato Schulz, sin hablar de pactos de gobierno parece que mantiene contactos con los partidos de izquierda Die Linke (La Izquierda, izquierdistas poscomunistas) y Alianza 90/Verdes en busca de un posible tripartito. No obstante, esta opción en Alemania resulta mucho más complicada, ya que el SPD se siente muy cómodo en un gobierno de la Gran Coalición (Grosse Koalition) con CDU/CSU de Merkel, tal como ha ocurrido en las dos legislaturas pasadas. ¿Y en España?

Cándido Marquesán Millán

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