Soy corto de entendederas, perdónenme.

 

Llevo un tiempo leyendo en las columnas de La Comarca los problemas que afectan a nuestros pueblos, María Quilez y Víctor Puch bajo el mismo título: “Nuestros pueblos no se mueren, los matan”. Meten algo más el dedo en la llaga, a mi juicio muy acertadamente, sobre todo en los diagnósticos. Creo que todos contribuimos a matarlos con nuestras cerrazones y nuestro localismo trasnochado y zafio. El mundo se ha vuelto muy pequeño para vivir aislado. ¿Cómo tratarían los vecinos de un pueblo a su alcalde, si dice que hay que hacer algo para el bien común en el pueblo de al lado? ¿Cómo queremos que la cosa funcione si no somos capaces de ver mas allá de nuestro ombligo?, claro que los que nos dirigen tendrían que tener miras más altas, pero las elecciones y las poltronas mandan. Nuestros representantes son nuestra simple imagen en el espejo.

Continúo con un ejemplo que se puede encontrar por todo Aragón y España, en la que hay cientos de casos como este. Hace unos días vi en Urrea de Gaen un edificio grandioso a medio construir, me dijeron que era para una residencia, así lleva años. Recordé a otro similar en Híjar para igual cometido y en igual situación. Los pueblos están a 3 Km de distancia uno de otro, ¿no se podía haber terminado una que daría puestos de trabajo y servicio a ambos pueblos e incluso a más? y no así con las dos empantanadas. Cualquier decisión hubiera sido mejor que la de hacer media inservible en cada lado. (En el cercano Vinaceite hay otra que lleva más de doce años haciéndose). En la Edad Media las obras importantes duraban años, ¿tan poco hemos avanzado?

Cada uno queremos lo mejor para nuestro pueblo, lo que no quiere decir que lo que nosotros consideramos mejor, lo sea de verdad. Los vecinos de los pueblos opinan que en el pueblo de al lado no y que las cosas han de hacerse en el mío. Uno de Hijar puede ir a la residencia de Belchite, pero a la de Urrea no y viceversa, esto lo hago extensible a los demás pueblos. Los alcaldes y corporaciones están en esa idea, eso nos lleva a gastos innecesarios y dineros inmovilizados. Cada cual a lo suyo y así nos va, luego no hay para lo necesario. Por eso tantas veces la gente se pregunta ¿para qué sirve la comarcalización?

Para terminar y como guinda a lo que se hace, diré que, el edificio de Urrea está sobre lo que fue un horno de pan diseñado por Agustín Sanz (databa de 1771), el mismo arquitecto que diseño la Iglesia Parroquial de Urrea y otros muchos edificios de la Comarca del Bajo Martin, pues era el arquitecto del Duque de Hijar, personaje que gracias a diferentes actuaciones del Centro de Estudios del Bajo Martin se ha puesto en valor y sus obras son visitadas. En Híjar, el nuevo edificio descansa sobre lo que fue el palacio de los Otal hasta hace cuatro días, (ya el anterior edificio de la residencia, que está funcionando, se levanto en 1977 sobre el Hospital de la Santa Cruz y la iglesia de San Valero que databan de 1300), también aquí la piqueta hizo su rastro. Después de siglos haciendo barbaridades de una cultura matar a la anterior, no hemos aprendido nada, y como colofón, hoy, algunos de nuestros representantes dicen que en esta tierra hay que promocionar el turismo.

Una vez más mis, entendederas no dan para tanto.

 

Pascual Ferrer Mirasol

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