Cabezas de algezón

 

Algezón: en el Bajo Aragón así se denomina comúnmente a los núcleos o “bolos” de yeso de una dureza y tamaño considerable. Es por todos conocido que nuestro territorio es un gran productor de minerales como el yeso y el alabastro; pues bien, el calificativo de “algezón” podría perfectamente usarse para definir la testa de algunos de los dirigentes políticos de nuestro ámbito.

Algunos cargos de nuestra querida tierra están de cuerpo presente en nuestro tiempo, pero sin embargo mantienen anquilosada su mente en otro espacio temporal: una época rancia y alcanforada que se empeñan en recordarnos día a día con su forma de actuar y de “hacer política”. Se creen que están por encima del bien y del mal, usan su autoridad para hacer y deshacer a su antojo sin contar con las opiniones del resto de la gente, hacen de su capa un sayo y creen que gobernar una administración pública es lo mismo que administrar su finca privada.

Cuando uno ostenta un cargo público debería tener presente que ha sido elegido por sus convecinos, que los representa a todos y que debe velar por los intereses de todos ellos; procurando con sus actos dotarles de unos mejores servicios y de un mayor bienestar social. En definitiva, todo aquel que ocupa un puesto político debería de tener en cuenta que a la política se llega para servir al ciudadano, y no viceversa. Y no pueden establecerse bandos (los míos y los tuyos), ni valerse de los “amiguetes” ni favorecerlos, ni tampoco usar una posición ventajosa para abusar del poder. Todos estos conceptos tendrían que quedar meridianamente claros en la mente de una persona que entendiera el significado de la palabra Democracia.

En una institución en la que están presentes diversas sensibilidades e ideas políticas, como es habitual, todas las partes están obligadas a entenderse por medio del diálogo, el raciocinio y el consenso. A esto se le llama hacer política. La época del “ordeno y mando” ya pasó a la historia (y sinceramente espero que no vuelva nunca más), pero parece que algunos nostálgicos son incapaces de pasar página y vivir la realidad presente.

Por eso a un demócrata convencido como yo (a veces, lo reconozco, demasiado utópico y soñador) le repatea las tripas que la palabra Democracia se pisotee de esta forma. Y que, en pleno siglo XXI, todavía siga habiendo personas que actúen “de facto” como auténticos caciques decimonónicos. ¿Conseguirá el paso del tiempo convertir estos “algezones” en fino polvo de yeso? Veremos.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s