Pedir perdón… ¿y después?

Llevamos unos días que la noticia más importante de los telediarios es las desavenencias entre los diferentes líderes de Podemos, lo cual es bueno que se sepa, pero no sacarlo de contesto, ya que de verdad de verdad, no son nada si los comparamos con otros personajes que pululan por la vida política de este país llamado España, y que se les colaran jetas y vividores no tengo ninguna duda, no hay más que mirar a los demás partidos con trayectorias más largas, pero ellos tendrán que saber cómo actuar ante esto, o deberían, viendo el panorama y a lo que critican.

  Mientras hablan de estas desavenencias, los Urdangarines, Puyoles, Ratos, Autopisteros, etc. etc. y sus respectivas comparsas siguen viviendo a cuerpo de rey y pásate día que otro vendrá y si algo no nos favorece se recurre y mas días. El mensaje del rey este año, para mí, es el de una persona que no vive el día a día de este país, un funcionario mas, pero de los malos.

 A mi modo de ver, Podemos está metiendo mucho la pata, pero de momento no meten la mano, quizá porque no pueden, pero como dicen los chorizos imputados de este país y sus abogados, la presunción de inocencia es necesaria, pues para los no imputados todavía más, vamos digo yo. Es que a estos se les condena todos los días… por si acaso.

 Algunos como Echenique no es que metió la pata, metió algo mas, sobre todo si es la persona que se presenta para presidir la entidad pública más importante de Aragón y con la que nos tenemos que identificar los aragoneses, creo que tendría que haber marchado a su casa, lo que no es justificación para los ladrones y chorizos de esta España, ni comparativa ni cuantitativamente, ósea que a cada cual lo suyo.

 Por otra parte, creo que muchos de los que se presentaron en las diferentes facciones, mareas o lo que sean de Podemos, ¿dónde están? Creo que han perdido todo contacto con la gente y eso no es lo que se pretendía. Ojo, no saquen pecho los “otros”, ya que estos llevan años sin relacionarse y considerándonos chusma.

 Al video de Pablo Iglesias pidiendo perdón, le contestaría este texto que encontré leyendo por Internet. Todavía están a tiempo para hacerlo bien y dejarse de ostias, o harán tarde.

 Que cada cual piense con su cabecica y que abra los ojos y mire hacia todos lados. Hay que ver y escuchar pero sobre todo ver, ya saben aquello de lo que valen las imágenes.

 

Cuando pedir perdón no es suficiente (Afondo)

No hay hombre lo bastante rico para comprar su pasado, decía Oscar Wilde. Y no han sido pocos en la historia los que han invertido fortunas precisamente con el fin de alterar su propia historia.

Quién más quién menos, todos en algún momento quisiéramos poder modificar el pasado. Algún acto que hayamos cometido innecesariamente, alguna reacción desmedida, un movimiento torpe, una palabra inadecuada. Un olvido imperdonable. Siempre hay algo que nos estorba en el recuerdo. Como una manchita sobre el pecho de la camisa blanca que acabamos de estrenar. Tal vez los demás no lo noten, ó sí, pero poco importan en ese caso los demás, la dimensión que adquiere esa mancha en nuestro pensamiento es enorme e imborrable. Surge de ahí el fastidio por no seguir luciendo la prenda tan blanca y limpia como pretendimos. Nos molesta porque sabemos que pudimos evitar el tuco con tanto tomate, o manejar con más habilidad el cubierto. La lección de esta breve bronca no implica que hagamos promesas a cuanto santo veamos para que nunca más nos tentemos con la salsa o jamás volvamos a ponernos una camisa blanca, se trata –precisamente – de revisar los actos, las secuencias y en la próxima oportunidad comer controlando la ansiedad y dominando mejor los movimientos. Para no volver a manchar la camisa.
Esto es una versión más de lo que llamamos arrepentimiento. La palabra arrepentirse nace del sentimiento de pena que causa haber cometido un error. La cuestión es si ese arrepentirse lleva implícito un cambio en el futuro, o si es otro ardid simulado, especulativo, para obtener beneficios. Si en verdad estamos apenados por un acto que hemos cometido, o por una acción que omitimos, lo más sensato sería hacer esfuerzos para no repetirla. Lo que es inadmisible es la reiteración al infinito de idénticos errores, con su respectivo pedido de perdón o disculpas para la ocasión, y no más que eso.

Las disculpas, privadas y públicas, son indispensables, pero no suficientes. Y otro ejercicio típico, es el de considerar que un acto de filantropía y acciones de generosidad social pueden enmendar lo que se produjo en el pasado. No. Definitivamente, no. Por más anuncios que haga la casa Blanca ó el pentágono diciendo que corregirá su puntería en los bombardeos aéreos, los pobres civiles que se disponían a celebrar una fiesta de casamiento, no resucitarán. Por lo que siempre es mejor tomar conciencia antes de los asuntos y no después. El tan famoso más vale prevenir que curar bien podría ser, mejor que pedir disculpas es no hacer daño.

Páginas y páginas de libros nos cuentan sobre gestos samaritanos, donaciones, fundaciones, todas entidades organizadas para mitigar algún acontecimiento luctuoso. Y está bien que se quiera revertir una situación que haya traído dolor, lo que no es justo es que convivan ambas situaciones. O sea, que se sigan promoviendo acciones humanitarias y ambientales dignas de premios, mientras los mismos, sigan ejerciendo actividades que perjudican a los humanos y al ambiente.

Es deseable que existan instituciones cuya misión sea favorecer al humano y al planeta, tan querido como que esas mismas instituciones muestren de dónde obtienen los recursos y cómo se administran.

Mendoza es la provincia de la Argentina que cuenta con mayor cantidad de entidades intermedias, organizaciones de la sociedad civil u ONG, como prefiera llamárseles. Algunas con forma de fundación, otras como clubes, y la mayoría, simplemente como organizaciones civiles sin fines de lucro. Muy loable la tarea de muchas. Solidaridad, atención de problemas de salud que no están contemplados en los protocolos, educación, fomento al deporte, ayuda alimentaria. Pero entre tantas miles, más de una tiene una sola finalidad: cambiar ante la opinión pública la imagen sobre alguna persona. Y lo grave de esto, en realidad, es que esas, que son excepciones seguramente, ensombrecen el trabajo de las que trabajan seriamente. La reivindicación no se compra, tal como decía Oscar Wilde, pero hay quienes creen que basta con un sello y con que debajo de la firma del cuestionado aparezca el cargo de presidente.

Pascual Ferrer Mirasol

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