Un viejo poema.

De muchachos leímos una y otra vez este poema, que a fuerza de repetir llegamos a recitarlo de memoria prácticamente entero, y que importantes nos sentíamos recitándolo, quizá nos veíamos en el puente de mando de aquel barco imaginario, como el capitán pirata con el que Espronceda nos obsequio, llenos de esperanza, ilusión y libertad.

Nadie es el mismo al empezar un libro que al terminarlo, sea como lector o como escritor. 

Pascual Ferrer Mirasol

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