¿Por qué nos dejamos manipular?

Digo muchas veces que leer e informarse es incluso contraproducente para lo que a uno le gusta o le gustaría que fuera, pero creo que es indispensable para al menos intentar tratar con justicia lo que pasa a nuestro alrededor.

Cuando en Cataluña prohibieron los toros, pareció como si nos hubieran hecho el mayor de las desprecios y de las ofensas, que quizá para algunos lo fuera, pero ¿por que nos ocultan otras noticias y otros hechos?. ¿Por qué no nos molestamos en ver lo que sucede a nuestro alrededor antes de cargar las iras contra nadie?. Cada cual tiene su forma de ver la vida y hay que respetarla. Pero esos malditos manipuladores. ¿Por qué nos dejamos tan fácilmente manipular?, ojo, unos y otros, que esta España de las riñas a garrotazos que pinto Goya la tenemos metida hasta el tuétano.  

 Esta información nos enseña muchas de las cosas que pasan y muchos de los manipuladores y cara duras que hay por el mundo. Esto que vemos es solamente una más de las muchas mentiras, manipulaciones y verdades a medias, que son, si cabe, peores que las mentiras.

 Escribio Silvia Fernandez en La Vanguardia el  11/01/2010.

Canarias prohibió los toros… aunque no los gallos.

Cuando se aprobó la ley, hacía siete años que no se celebraban corridas en las islas, por la poca afición

 

Sin polémicas y sin ruido. Así se prohibieron hace ya casi 19 años las corridas de toros en Canarias. A diferencia del debate por la iniciativa popular aprobada por el Parlament de Catalunya en diciembre, nadie puso el grito en el cielo por el fin de la mal llamada fiesta nacional ni acusó a los canarios de antiespañolistas, como bien señalaba el pasado jueves Quim Monzó en su columna “A ver si ahora será culpa de Àngel Guimerà”. La prohibición de las corridas en Canarias se produjo, en cierto modo, de forma casual, porque la ley pretendía fundamentalmente acabar con las peleas de gallos. No topó con oposición porque la afición a los toros era prácticamente inexistente.

De hecho, cuando se prohibieron los espectáculos taurinos hacía ya siete años que no se celebraba una corrida en Canarias. La ley sí chocó, sin embargo, con los defensores de las riñas de gallos, espectáculo muy arraigado en Canarias y que finalmente no fue prohibido al entenderse que “formaba parte del acervo cultural” de las islas.

La ley de Protección de Animales, aprobada en abril de 1991 por el Parlamento de Canarias y que puso fin a las corridas, prevé en su artículo 5.1 la prohibición “de utilizar animales en peleas, fiestas, espectáculos y otras actividades que conlleven maltrato, crueldad o sufrimiento”, y así ilegaliza las corridas de toros, el tiro al pichón o las peleas de perros.

Pero exceptúa en su artículo 5.2 la celebración de peleas de gallos en los municipios donde hay tradición. Miguel Cabrera Pérez Camacho, que fue el artífice de la normativa cuando era diputado de Asamblea Tinerfeña de Independientes (ATI, hoy integrada en Coalición Canaria), recuerda que sólo cuatro parlamentarios apoyaron su iniciativa. Su partido la rechazó, lo que forzó su dimisión y entrada en las filas del Partido Popular, del que hoy es diputado. La ley se aprobó después a raíz de una iniciativa popular y con la excepción de las peleas de gallos.

Cabrera, que se define como “españolista a ultranza”, rechaza todo tipo de “espectáculo sangriento” con animales y desvincula la prohibición de los toros del espíritu “antiespañol”. “Me siento muy español, pero estaría a favor de que se prohibieran los toros en toda España. Siempre he estado en contra del maltrato animal”, señala.

Encontrar a un canario que haya acudido alguna vez en su vida a algún espectáculo taurino en las islas es casi imposible, con independencia de su edad. Las corridas de toros apenas han tenido afición en los últimos 60 años. Según explica Cabrera, el hecho de que no hubiera ganadería en Canarias y que los toros tuvieran que venir en barco encarecía los costes y dificultaba la celebración de los espectáculos. Además, los animales no llegaban en buen estado para salir al ruedo.

Hasta el momento de su prohibición había tres plazas de toros en las islas, dos en Gran Canaria (en Telde y San Bartolomé de Tirajana, en el sur de la isla) y una tercera, la más emblemática, en Santa Cruz de Tenerife. Esta última acogió la última corrida de toros de Canarias, el 7 de enero de 1984, siete años antes de que estos espectáculos fueran prohibidos. Inaugurada en 1893, la plaza se utiliza desde hace años para acoger conciertos y espectáculos de carnaval, boxeo y lucha canaria. Actualmente están en estudio distintos proyectos para urbanizar la manzana que ocupa y que se ubica en pleno centro de la ciudad.

Los dos cosos de Gran Canaria, ya desaparecidos, se crearon y albergaron espectáculos taurinos sobre todo para turistas

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