El país de ”vivan las cadenas”: ¿por qué somos así?

Así como la revolución francesa sirve para explicar el carácter combativo por sus derechos de la sociedad gala, o el mismo texto de la Constitución de Estados Unidos para entender por qué este pais ha sido la cuna de muchas ideas y prácticas liberales, puede igualmente revisarse la historia de España para entender por qué somos…como somos.

¿De donde viene ese afán por el servilismo, esa servidumbre que arrastramos desde hace siglos? ¿Esa permisividad ante el cacique o ladrón de alta cuna, el arraigadísimo ”esto es lo que hay”? ¿Esta picaresca tan dañina y extendida, el timo y la estafa? ¿De donde viene ese interés en copiar a ”los amos” e intentar llegar a un estatus a base del pelotazo que te dé dinero rápido? ¿esa indiferencia hacia los daños que haga el vecino mientras no toquen lo mío?

Llevo tiempo leyendo varios artículos que explican acertadamente cómo ciertos acontecimientos históricos han ido moldeando y preservando ese carácter y esos ¿valores? a lo largo de los siglos. Hoy quiero empezar a modo de introducción con una pequeña historia que resume en esencia todo esto que estoy diciendo, que ilustra cómo toda una sociedad educada en la servidumbre y el borreguismo forjado durante siglos puede echar al traste las mejores intenciones.
El origen de la expresión ”¡Vivan las cadenas!”

Pongámonos en situación. España,1812, en plena guerra de la Independencia contra el Imperio francés de Napoleón. El rey de España Fernando VII , exiliado en Bayona, dió las instrucciones para que mientras estuviera fuera del país, las instituciones locales obedecieran a los generales franceses y a los más cercanos al Rey, o dicho de otra forma, que colaboraran con el nuevo amo y fueran obedientes.

Pero estas instrucciones fueron pronto desobedecidas por un pueblo hambriento, que veía como las tropas francesas se aprovechaban de su autoridad para llevarse los escasos alimentos y bienes básicos de la población civil. El levantamiento del 2 de mayo de 1808fue a más, acabó extendiéndose por todo el territorio y ante un Rey ausente, el país en estado de preguerra y los ánimos populares muy caldeados, el entramado institucional del Antiguo Régimen se desmoronó y los sublevados ocuparon el espacio que dejó la vieja administración.

Aquí empezaría la primera gran idea rupturista totalmente revolucionaria para la época: la gente descubrió que podía vivir sin la Monarquía que llevaba siglos dominándoles, que había vida más allá del único modelo que habían conocido, eran capaces de organizarse localmente y funcionar pese a la caída de todo el régimen institucional monárquico que ya existía. En las ciudades y pueblos alzados se fueron conformando juntas locales, donde integraban dichas juntas los notables de cada ciudad o municipio: propietarios, comerciantes, clérigos, abogados y nobles, muchos con experiencia en las instituciones del Antiguo Régimen. Y aunque algunos fueran partícipes de ese régimen monárquico, la idea rupturista seguía ahi: a diferencia de las instituciones del Antiguo Régimen no eran un poder designado por la Corona, sino constituida desde abajo, y por eso establecieron una nueva lógica: la legitimidad de un Gobierno no dependía de la designación por parte de una autoridad.

A medida que la guerra de guerrillas avanzaba, mientras se luchaba cuerpo a cuerpo en los distintos frentes, se libraba otra batalla en el aspecto social-institucional. Había un vació de poder y esta era una oportunidad para plantear otros modelos distintos a los régimenes monárquicos y absolutistas que se habían asentado durante las décadas anteriores, para que empezaran a alzarse las voces de todos aquellos que habían sido censurados, principalmente ilustrados y liberales.

Asi, desde estas Juntas locales diseminadas por todo el territorio español, fragmentado y separado por la guerra, se designó primero la Isla de León y posteriormente Cádiz como punto de encuentro para decidir un nuevo modelo de EstadoDiputados de muy distinta profesión ( nobles, abogados, párrocos, mariscales de campo, catedráticos, matemáticos, comerciantes) y representantes de cada municipio se reunieron allí (los que llegaron claro, pues muchos se toparon con patrullas francesas o bandoleros) para redactar una nueva Constitución en la que, todavía respetando la figura de Fernando VII y a la espera de su regreso, se pretendía modernizar el país con leyes e ideas que fueran más allá del absolutismo con el que se había gobernado siempre.

Y así, tras muchos debates entre liberales, ilustrados y serviles se firmaba el 19 de marzo la archiconocida Constitución española de 1812 o comúnmente llamada La Pepa, la segunda gran idea rupturista con respecto al antiguo régimen de este periodo.

Hoy en día La Constitución de 1812 no le dice nada a la mayoría de los españoles, más allá de un par de documentales conmemorativos en TVE o una mención en los noticiarios el día de su aniversario. Pero es cuando se lee acerca de los contenidos y principios de esa Constitución que uno se da cuenta del salto de gigante que podía haber dado la sociedad española de haberse mantenido vigente durante más tiempo.

Por primera vez en muchas décadas, se recogían derechos y principios que bajo las monarquías absolutistas era incluso delito mencionar: establecía la soberanía en la Nación (ya no en el rey), la monarquía constitucional, la separación de poderes, la limitación de los poderes del rey, el sufragio universal masculino indirecto, la libertad de imprenta, la libertad de industria, el derecho de propiedad, a la educación o la abolición de los señoríos, entre otras cuestiones. Además, incorporaba laciudadanía española para todos los nacidos en territorios americanos.

Si bien tampoco era perfecta (no se recogió el derecho a la libertad de religión, ni se abolió la esclavitud), suspuso un torrente de ideas nuevas que por primera vez reconocían derechos y libertades fundamentales, más en consonancia con las ideas ilustradas que hace tiempo que campaban libremente por el resto de Europa y que se habían resistido a calar entre la sociedad española.

Y aunque no se aplicó demasiado extensamente, pues España aún se encontraba dividida entre el gobierno pro-francés de José I de España, juntas interinas y el resto de los territorios de la corona española  en las Américas; abrió un horizonte nuevo y esperanzador, hasta que regresó Fernando VII de su exilio en 1814.

Aunque todavía no está claro si fue una escenificación perpetrada por los absolutistas ( seguidores del Antiguo Régimen, en contra de la Constitución) o fue algo espontáneo, el caso es que a su llegada en la carroza real, se desengancharon los caballos y fueron sustituidos por personas del pueblo que gritaban ”¡Muera la Pepa, vivan las cadenas!” y otras proclamas que venían a reflejar la triste realidad.

Pese a todo lo avanzado en materia social, de igualdad ante la ley, pese a lo mucho que se debatió y el gran avance que suponía recoger ideas ilustradas en un país que llevaba un atraso cultural atroz, la gente, el pueblo, la masa manipulada y sometida durante siglos, vitoreó y restauró el mismo absolutismo que les privaba de todas esas libertades. Y las consecuencias no se hicieron esperar. El 4 de mayo de 1814 el recién restaurado rey decretó la disolución de las Cortes, la derogación de la Constitución y la detención de los diputados liberales, los cuales acabaron  fusilados, encarcelados o exiliados.

Y este, el ”Vivan las cadenas”, fue sólo uno de tantos episodios en los que ocurrió lo mismo: una sociedad educada para vivir en la ignorancia y en la servidumbre fue la que paradójicamente acabó defendiendo a los Antiguos Regimenes que les sometían. Termino citando un párrafo de una de las fuentes que he utilizado, pues define perfectamente lo que supuso este triste suceso.

”Y asi fue como el mismo país que gritó hace 200 años, ¡Viva la Pepa! , gritó solo 2 años después ¡Vivan las Cadenas! El españolito de a pie demostraba  así, que volvían a ser siervos del poder y que el liberalismo había sido solo una ilusión. Así perdió España una oportunidad de oro para sumarse a la ola que triunfaba en el resto de Europa, en la que los plebeyos empezarían a tener un papel protagonista en escribir su propia historia. En medio, el liberalismo fue la excepción;  la norma  fue el absolutismo, los regímenes autoritarios y las dictaduras. Mientras Europa prosperaba, España devolvió el poder al  rey, el clero y la nobleza.

Del blog. “Alita de pollo”.

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