RECUERDOS

Internet es a veces ese mirador donde uno encuentra sus recuerdos.

Yo tuve un gato que me esperaba a la salida de la escuela para comerse un trozo de mortadela de la merienda que me preparaba mi abuela, por supuesto que sin que ella se enterara, pues la mortadela era un lujo que no se debía de dar al gato. Algunas macetas en el balcón. Todavía conservo, gracias a mí abuela, el ejército de botones en un saquete, que cuando abro, salen olores de mi niñez. Si cierro los ojos veo el cubierto de Valdesagarra, y en un rincón, el tren con vagones hechos de latas, cuadrados y ovalados, que al final del verano era un tren importante. Mi patinete, una casa pobre llena de ternura, jamás tuve pajarico, pero si una radio alrededor de la cual pase ratos inolvidables en los anocheceres de los días de invierno, a la lumbre del fuego, con mi familia.

Las tardes “sin cabezana”, decían los mayores, por ríos y montes con los amigos. Las revistas de los mayores con algún destape. La novia de infancia. La imitación a los mayores cercanos a falta de hermanos.

Como una canción puede contar tan bien una niñez, seguramente en aquellos años 1950-60, la debimos tener muchos muy parecida. Creo que entonces, con poco, éramos muy felices. Que lejano queda aquello. Como se nos fue.

Vaya canción.

Pascual Ferrer Mirasol

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