No son dignos de estar donde están

Quizá me equivoque, como tantas veces, pero una cosa sí creo tener clara, los políticos que elegimos cuando vamos a votar los elegimos para que solucionen problemas y nos hagan la vida más fácil y sencilla. Pues bien, si lo analizo, es justo lo contrario, no hacen más que complicármela por todos lados con sus comportamientos y su forma de hacer.

Los que se supone que por vocación, o al menos eso dicen, van a estar al servicio de los ciudadanos, en cuanto tocan poder se convierten en auténticos reyezuelos que administran lo que es de todos a su servicio, y al de sus huestes y  lacayos.

Como ejemplos más destacados los Señores Más y Rajoy con el tema de Cataluña, que los hemos elegido para que lo solucionen, no para que hagan un problema mucho más grande y grave, que al final acabara peor que mal, si seguimos así, tiempo al tiempo.

No hay nadie que haya conseguido crecer la lista de independentistas más que Rajoy, ni más la de anti catalanes que Más.  Pueden sentirse orgullosos, pero su fracaso es mayúsculo.  Considero más culpable a Rajoy que a Mas, ya que este último es el representante de un solo país, mientras que Rajoy que es el representante de todos los países que conforman el estado español, por lo que tendría que tener más anchura de miras y mucha más capacidad de dialogo, de negociación y de decisión, que el enrocamiento al amparo de tribunales y leyes que acabaran convirtiendo a Mas en mártir y a él  en tirano, y por supuesto como Rajoy es el presidente de todo el estado español, pues nos arrastrara a todos a la tiranía. ¿Es que el presidente de todos los españoles no sabe de las diferencias de los diferentes países que conforman España?  ¿Por qué nos dice que la Constitución no se cambia?, si la cambio con Zapatero una tarde da sábado por temas económicos, que iban mal, siendo ellos los máximos responsables del desaguisado siendo sus partidos los que gobernaban por España y sus países, gastando y manfurriando a diestro y sinestro. Pues la cambiaron y dejaron a la mayoría de la población con la obligación de pagar una deuda que dicen hemos generado entre todos, pero que fueron ellos los que de verdad la generaron, la consintieron y  nos la endosaron…  y la gente les vota.

De todas maneras, como uno se cansa de oír todos días la misma monserga en la televisión, se dedica a ir leyendo temas de actualidad, (Internet es todo un mundo), pero con otros puntos de vista que los de los de siempre, se encuentra a veces lecturas que merecen la pena porque cuentan cosas interesantes, no arengas a esto o a lo otro. Así encontré este escrito de  Jose Ramon Villanueva Herrero, que nos explica algunas de estas cosas y algo de su porque. Lo de la capital de España en Barcelona en lugar de Madrid, yo voto por Zaragoza, que está entre las dos, y ya es hora que Zaragoza recupere la capitalidad que tuvo en otros tiempos cuando era la capital de la Corona de Aragon. Ya en aquellos tiempos (1490), Fernando el Católico tenía problemas para conseguir la unidad de sus territorios.

Un amigo me dice que últimamente pongo mucho de copia y pega, pero es que algunas cosas las considero muy interesantes, y yo no soy capaz de contarlas tan bien, entre otras cosas porque tampoco las sé.

REPUBLICA FEDERAL ESPAÑOLA, CAPITAL: BARCELONA

 Al problema que supone este caballo encabritado que es la crisis económica, se ha unido en España  la no menos grave crisis territorial planteada por el proceso secesionista de Cataluña. Si reprochable resulta el inmovilismo numantino de un rancio y trasnochado nacionalismo españolista, produce tristeza constatar el que los nacionalismos periféricos, al margen de sus legítimas aspiraciones de autogobierno, han actuado con excesiva frecuencia con una deslealtad constitucional, tanto en la España democrática surgida tras el final de la dictadura franquista, como en otros períodos anteriores.

      Recordando las lecciones de la historia, me viene a la memoria la actitud de los nacionalistas vascos y catalanes durante nuestra guerra civil en la que, éstos, conscientes de la inevitable derrota militar de la República ante el embate fascista,  intentaron llegar a un quimérico acuerdo con las fuerzas franquistas. En este contexto, tuvo lugar el enfrentamiento entre Juan Negrín, el presidente del Gobierno republicano, y la actuación del PNV y de ERC, un enfrentamiento con un profundo calado político. De hecho, como señalaba Ángel Viñas, Negrín siempre consideró que, para derrotar al fascismo era imprescindible recuperar y fortalecer la autoridad del Estado republicano ya que, “la alternativa era el caos” y, por ello, había que evitar, en tan difíciles circunstancias, el “taifismo”( bien fuera éste vasco, catalán o anarquista) y la disgregación de la autoridad.

    Debemos recordar el llamado Pacto de Santoña del 24 de agosto de 1937, la rendición del Ejército de Euskadi ante las tropas fascistas italianas y que  supuso un duro golpe por parte del PNV a la causa republicana y una enorme torpeza al confiar en una impensable “generosidad fascista” para con el pueblo vasco, la cual, obviamente,  nunca existió.

    Tras este pacto, para muchos, una “traición”, Negrín, que siempre desconfió de los nacionalismos insolidarios,  temiendo que también la Generalitat de Cataluña pretendiera buscar una solución unilateral a la guerra, decidió trasladar la sede del Gobierno republicano  a Barcelona a finales de octubre de 1937 con el doble objetivo de evitar una posible traición por parte del nacionalismo catalán y, también, para garantizar el control gubernamental de la vital frontera con Francia. Como señaló el dirigente comunista Palmiro Togliatti, se pretendía, así, impedir “que triunfase en Cataluña un movimiento favorable a la paz separada con el fascismo”.

    Negrín no estaba equivocado ni sus temores eran infundados pues eran conocidos los intentos de Euskadi y Cataluña de llegar a una paz por separado con Franco y, para ello, como señala Josep Sánchez Cervelló,  aunque hubo intentos desde finales de 1936, tras la ruptura del frente de Aragón (marzo 1938), tanto el Gobierno Vasco como la Generalitat catalana realizaron gestiones en Londres y París con objeto  de lograr una mediación franco-británica que salvaguardase sus respectivos autogobiernos. De este modo, los nacionalistas vascos y catalanes soñaron con una quimérica negociación por su cuenta para lograr el cese de hostilidades en sus territorios a cambio de unas reivindicaciones específicas cuales eran: la presencia propia de Euskadi y Cataluña en una hipotética conferencia de paz, respeto a sus Estatutos de Autonomía, plebiscito separado en cada uno de estos territorios sobre la naturaleza de su futuro régimen político y la desmilitarización de Euskadi y Cataluña, reivindicaciones éstas, que acertadamente calificó Ángel Viñas de estar llenas de “ombliguismo” y “candidez”. Esta diplomacia secreta, en la que en cierta medida participó el Vaticano, supuso, lógicamente, un empeoramiento de las relaciones de Negrín con respecto al lehendakari Aguirre y el president Companys,  si bien es cierto que, a pesar de esta deslealtad política, la inmensa mayoría de la población vasca y catalana se mantuvo fiel a la causa republicana.

    Tras la Conferencia de Munich (29-30 octubre 1938), cuando la guerra ya estaba perdida definitivamente para la República, se produjeron nuevas actuaciones del Gobierno de Euskadi ante el Foreign Office en defensa de la autodeterminación vasca. Por su parte, la Generalitat realizó gestiones en París llegando incluso a plantearse  un cesión territorial de Cataluña a Francia, lo cual, además de un sinsentido, asestaba, en las contundentes palabras de Ángel Viñas,  “una puñalada por la espalda al Gobierno de la República”.Por ello, frente a esta desafección, recuerdo la frase que Manuel Tuñon de Lara dijo a Eloy Fernández Clemente y que éste recoge en sus memorias: “Jamás te avergüences de España: es el único país con Vietnam que resistió tres años un golpe de Estado”.

    Vueltos al presente, ante la actual crisis territorial, ante la inacción del Gobierno de Rajoy,  incapaz de ofrecer ninguna propuesta ilusionante frente a las derivas  insolidarias del secesionismo nacionalista, el concepto de España se halla en una preocupante crisis identitaria de incierto futuro. Las actitudes de unos y otros parecen conducirnos, como decía Iñaki Gabilondo, en un frenético galopar, hacia una embestida fatal. Ante este horizonte, siempre me he manifestado partidario del derecho a decidir del pueblo catalán y de una redefinición del modelo territorial español en torno a una República federal que articule de una manera más armoniosa la innegable plurinacionalidad de lo que, en otros tiempos, se denominaba “las Españas”, nuestra nación de naciones. Ha llegado el momento de tomar decisiones valientes y, además de las apuntadas, no sería descabellado plantear que, en una futura República federal, la capital  de España debería de ser trasladada a Barcelona, como en su día hizo el presidente Juan Negrín, lo cual, además de una ruptura con las inercias centralistas, sería un elemento de mayor articulación e integración territorial que, sin duda, limitaría los anhelos, por otra parte legítimos, del secesionismo catalán. Una cuestión ciertamente polémica, pero también imaginativa.

 José Ramón Villanueva Herrero

(publicado en: Canarias Noticias, 11 noviembre 2014)

Pascual Ferrer Mirasol

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